

POR: MARIA JOSÉ GUZMÁN gómez
CAFÉ
CALLA
QUE
NO
LA
PROTESTA
Y
PETROLEO:
ENTRE

Entre acordes de nostalgia y versos de resistencia, Ana y Jaime siguen cantando verdades que el tiempo no ha podido silenciar. Los hermanos Valencia cautivaron a Latinoamérica con sus melodiosas voces, sus letras simbólicas y su carisma; así ellos formaron parte de los pioneros de la canción protesta. Hoy, 54 años después las canas han pintado sus cabellos, ya no viven en Colombia, pero aún permanecen intactas las sonrisas de gentileza que se plasman en sus rostros cuando conocen a alguien nuevo y recuerdan aquellos tiempos gloriosos en los que “Café y Petróleo” era la canción que más se repetía en las emisoras


Ana y Jaime se encuentran en países distintos. Ella está en Caracas, su entorno resulta familiar y tradicional ya que detrás de ella, se encuentra un mueble de madera con un candelabro, plantas y unos dibujos colgados en la pared. Él está en Miami, su casa se encuentra en un ambiente cálido ya que entra bastante luz por su ventana e ilumina el saxofón y la trompeta que están colgando en la pared a manera de florero, posiblemente haciendo alusión a los instrumentos que tocaba su padre.
¿Cómo comenzaron en la música, Jaime?
“Yo diría que fue un accidente. Desde pequeño estuve rodeado de música porque mi padre era multiinstrumentista y mi mamá cantaba, pero no se dedicaban a eso. Cuando estaba en cuarto de primaria, tuve que presentar un examen de música y yo simplemente toqué la guitarra y canté una canción, pero el profesor me dijo: “Cante cuatro canciones más y le pongo cinco” y yo lo hice. Hasta ese momento yo no me había dado cuenta de que tenía un talento o una vocación para la música y que iba a dedicarme toda mi vida a esto”.
Él sonríe ante aquel recuerdo y menciona que en el barrio San Fernando en Bogotá, comenzó a practicar después del colegio con una guitarra de cuerdas de acero que tenían una distancia muy grande entre ellas y el diapasón. Utiliza la guitarra que tiene en sus piernas desde el comienzo de la entrevista y toca los primeros acordes que aprendió.
“En esas prácticas que tenía Jaime, yo me le acercaba y me ponía a cantar —acota Ana —. En una de las reuniones familiares que hacían mis padres, nos pusimos a cantar juntos y a la gente le gustó. Jaime me propuso que hiciéramos un dueto, estamos hablando de 1969, y así como acepté, comenzamos a presentarnos en un programa que se llamaba “¿Qué hace la juventud?”, dirigido por Dora Cadavid. Al principio sólo nos presentábamos los jueves, pero gracias a que un productor nos escuchó, nos dieron un espacio también los sábados”.
A pesar de que en sus inicios se dedicaban a interpretar canciones de otros artistas, sus ansias por darse a conocer los llevaron a seguirle el rastro a Alfonso Lizarazo quien, en palabras de Jaime, era el mejor productor de música de la época.
“Estuvimos alrededor de 8 meses buscándolo, salíamos del programa de Dora y nos quedábamos esperando en la antesala, pero siempre nos negaban la oportunidad para conocerlo —recuerda Jaime —. Un día saliendo de la Emisora Nuevo Mundo, ubicada en la calle 19, simplemente lo vimos pasar. Iba con Pablus Gallinazo y de inmediato nos lanzamos a Alfonso para que nos escuchara. Él no quería, era muy famoso pero muy subidito, menos mal Gallinazo le dijo: “Camine escuchamos a los enanos, démosles la oportunidad””.
Como si de un milagro se tratara, Lizarazo aceptó y los llevó a su oficina. Fue la mejor decisión que pudo tomar pues quedó embelesado con las voces de los hermanos Valencia. Una semana después, Ana y Jaime se presentaron en Estudio 15, uno de los programas más emblemáticos de la época; así como “Vaya, vaya” donde coincidieron con Norman y Darío, quienes daban sus primeros pasos en la canción protesta.
¿En qué momento se involucraron con la música protesta?
“Norman y Darío nos llevaron a la Casa de la Cultura de la Candelaria donde conocimos a más personas que estaban en la misma onda de la canción protesta —dice Ana —. Allí Nelson Osorio nos dio la canción “Ricardo Semillas” con la que concursamos más adelante en el festival El Cobre de Oro de San Andrés donde quedamos en tercer lugar. Lo que sucedió con la canción protesta es lo que sucede con toda la música, se pone de moda y existe un voz a voz”.
Con el tiempo, Lizarazo los llevó a grabar su primer disco. Jaime lo describe como un compacto en el que había 4 canciones: “Ricardo Semillas”, “Diré a mi gente”, “Donde a donde” y “Café y Petróleo”. Esta última fue su paso directo al éxito. Ambos tienen grabado en la memoria los alcances que tuvo su música, aunque reconocen que a su temprana edad no dimensionaban la importancia del mensaje que transmitían sus letras y la manera en que llegarían a romper barreras ideológicas.
“Nos invitaban a eventos de distintos ámbitos políticos. Una vez cantamos en un club de suboficiales de la Policía y Alfonso Lizarazo nos pidió que no cantáramos nada de canción protesta por lo que sólo llevábamos preparadas 3 canciones. Le cumplimos a Alfonso, pero cuando íbamos a salir de la tarima, un general se para y le dice a mi hermana: “Anita, ¿No van a cantar “Ricardo Semillas”, “Café y Petróleo” y todas esas vainas?” Nosotros apenas nos miramos y empezamos a cantar. Era impresionante cómo esa gente gritaba las letras y hacían un desorden por la felicidad de escucharnos”.
“Es extraño, ¿no? Cantar música protesta en instituciones de ese tipo. ¿Nunca vivieron algún tipo de censura?”
“Nunca tuvimos ningún problema con nuestra música; de hecho, cantábamos en estamentos tan complejos en esa época como el F2, el DAS, el Ejército y la Policía. Hacíamos música en contravía pero no pertenecíamos a un movimiento político. Quizá lo que nos ayudó fue que éramos muy jóvenes y el público aceptaba nuestras canciones de una manera más analítica y amable. Aunque siendo honesto, hoy sigo sin entender por qué tuvimos ese recibimiento”.




¿Creen que actualmente existen las condiciones para hacer música protesta?
“Por mi parte no podría referirme a Colombia porque hace 47 años no vivo allí pero acá en Caracas no se puede hacer —menciona Ana—. En Venezuela, hacer una canción protesta garantiza que lleguen a la puerta de mi casa con una orden de arresto. Quizás en Latinoamérica, de una manera muy general, se pueda realizar con mayor libertad”.
“Yo creo que sí, por lo que he podido ver de mi país, con el gobierno actual hay más espacios para la libertad musical —añade Jaime—. Incluso me atrevería a decir que hay cabida para la música en apoyo y en contra, sin menospreciar alguna de las dos”.
Con respecto a eso, si tuvieran la oportunidad de hacer una canción protesta sobre la situación actual, ¿Qué no podría hacer falta?
“La verdad es lo más importante—acota Ana—, porque se inventan muchas historias que no son ciertas y contar la verdad es una manera de conocer la verdad como es”.
“Por mi parte no vería la necesidad de hacer protesta. Estoy feliz con lo que está sucediendo en mi país, se han abierto las puertas a muchos cambios y me atrevería a escribir una canción en la que defiendo eso”.
¿Cómo visualizan el legado de Ana y Jaime en un futuro?
“Fuerte. No hace falta sacar canciones nuevas para que la gente nos siga recordando. Hace poco en una manifestación de maestros que hubo en Bogotá, alguien estaba cantando nuestras canciones. Eso permite que nuestro legado se siga manteniendo donde pertenece: En el pueblo y en sus manifestaciones”.
“Lo que dice Jaime es cierto. Cuando los jóvenes estudian la música protesta y se acuerdan de nosotros, nuestro legado vive con ellos porque entienden lo que hicimos y tienen la posibilidad de conocer una perspectiva completa gracias al acceso a internet”.
“Eso es cierto Anita, yo creo que lo que más orgulloso me hace es poder impactar a las nuevas generaciones con la música que hicimos. Es darnos cuenta de que Ana y Jaime seguirá más vivo que el tiempo que estemos en este plano terrenal. Eso es lo bonito”.






