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SAN ANDRES

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POR: MARIA JOSÉ GUZMán gómez

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San Andrés y Providencia son más que un paraíso caribeño. Son territorio de resistencia, de sonidos que nacen del mar de los siete colores y de una memoria marcada por la mutilación cultural. En estas islas, el reggae no es solo música: es una forma de ser escuchados, de hablar en Creole sobre el dolor, los sueños y la marginalidad que Colombia ha impuesto desde hace décadas. El pueblo raizal ha hecho del ritmo una bandera y del canto una forma de afirmarse frente al olvido. 

Joseph Vandyke Taylor Cuesta, más conocido como Joe Taylor, es un músico de Providencia que ha desarrollado su propuesta musical desde el reggae y otros géneros del Caribe como el Soca y el Calipso. Es reconocido por canciones como “On top”, “In this town” y “Fayah burn”; las cuales comunican un mensaje de reflexión y espiritualidad fieles al género que desarrolla Taylor. A lo largo de su carrera, ha buscado sensibilizar sobre la importancia de preservar la cultura raizal, así como ha apoyado la reconciliación de las islas con el centro del país.  

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¿Considera que la música que realiza se puede denominar protesta? 

Creo que mi propósito es hacer sentir bien a la gente, pero también como permitirles que tengan un momento de aprendizaje para ellos mismos. Algunas personas me dicen que regaño mucho mientras otros me dicen que los divierto mucho pero no les dejo un mensaje contundente. Mi música no se define en sólo uno si no que, cada momento tiene una vibración diferente y genera lo que les digo siempre: “Tap in to the frequency, listen to it, absorb it, feel it, smell it, taste it, and then create a different branch of possibilities with the other senses: A perception of divinity” (Conéctate con la frecuencia, escúchala, absórbela, siéntela, huélela, saboréala y luego crea una rama diferente de posibilidades con los otros sentidos: Una percepción de la divinidad). 

¿Hay protesta en mi música?: Sí, pero me gusta denominarlo una alarma. Se trata de un llamado a la acción en el que me siento conmigo mismo o con el oyente y le pregunto “Oye, ¿Qué estamos haciendo?” y a partir de eso poder actuar desde lo que somos, that’s it. En canciones como Gangsta Life hay una frase que dice “Muchos mueren y nadie los recuerda”, logramos que desde esa reflexión que se hace seamos nosotros quienes los recordemos. O también es el caso de “In this town”, que es el primer reggae que hice, en el que a partir de que Uribe estaba enviando colombianos a la guerra de Irak para combatirla, nosotros desde el género transmitíamos un mensaje de paz, unión y libertad. 

¿Cómo fue su primer acercamiento con la música? 

El primer contacto que tuve con la música fue en la casa de mi abuela. Ella tenía un órgano porque tocaba en la iglesia y eso influenció que mi primer instrumento fuera una lira como la que tocaba el rey David. Creo que nacer en el Caribe y entender lo que esto significa es supremamente interesante en la forma en que la música llegó a mí. Está en los cantos de una mamá, cómo suena el mismo aire y la libertad que se mueve con él. 

Con respecto al reggae, ¿Cómo decidió que ese era su género y cuáles fueron sus primeras experiencias en él? 

Soy de Providencia, siempre estuvo ahí. A todo lo que viniera del Caribe le decían reggae, así fuera Soca o Calipso. Lo conocí por un novio de mi hermana que siempre tenía música de Peter Toch, Bob Marley, O’ yaba, Alpha Blondy, Alistair, you know. Aparte, en la playa siempre se escucha reggae, ya cuando tenía alrededor de 13, 14 años conocí a Elijah, un vocalista de una banda de Providencia que me hizo acercar y tener mayor afinidad con el género. 

Cuando estaba dando mis primeros pasos, hubo un momento en el que viví por un tiempo en Bogotá y me di cuenta de que Colombia tenía casi un veto hacia el género, hacia nosotros los isleños por cantar en nuestro idioma. Aceptaban todo lo demás: El rock, el pop y hasta el mismo reggae de otras partes, pero no aceptaban que los raizales lo cantaran dentro de su idioma. Nosotros, los que estamos alrededor de ese mismo contexto, venimos de una isla y en ese tiempo nosotros pues simplemente amábamos la música y veíamos las formas sociales y el respeto hacia la cultura como algo innato pero que no era tan relevante en el centralismo del país. 

 

¿Cómo es el proceso de hacer reggae en Colombia viniendo de Providencia? 

Es una disfortune and a fortune haber salido de Providencia. ¿Por qué lo digo así? Porque cuando uno sale, uno ve una amplitud mucho mayor del planeta. No hablo del mundo, sino del planeta en sí. La experiencia que yo tuve en Bogotá me hizo comprender, amar y valorar profundamente el paraíso sobre el cual me establezco como ser. Y donde aprendí a ser. La capital también me permitió aprender a pensar fuera de algo que era mi ámbito normal y regular. Así como me di cuenta de que quienes vivimos lejos de ese epicentro no tenemos la misma facilidad para encontrar un estudio y grabar; en la isla todos estamos trabajando en cosas diferentes y hay espacios reducidos en los que nos podemos reunir y hacer reggae. Esa es una desventaja evidente. 

 

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¿Cómo es el proceso de hacer reggae en Colombia viniendo de Providencia? 

Es una disfortune and a fortune haber salido de Providencia. ¿Por qué lo digo así? Porque cuando uno sale, uno ve una amplitud mucho mayor del planeta. No hablo del mundo, sino del planeta en sí. La experiencia que yo tuve en Bogotá me hizo comprender, amar y valorar profundamente el paraíso sobre el cual me establezco como ser. Y donde aprendí a ser. La capital también me permitió aprender a pensar fuera de algo que era mi ámbito normal y regular. Así como me di cuenta de que quienes vivimos lejos de ese epicentro no tenemos la misma facilidad para encontrar un estudio y grabar; en la isla todos estamos trabajando en cosas diferentes y hay espacios reducidos en los que nos podemos reunir y hacer reggae. Esa es una desventaja evidente. 

Con respecto a la isla, ¿Qué ha aportado el reggae a San Andrés y Providencia?

A San Andrés aportó mucho para el negocio de las grandes empresas de hotelería y turismo en el sentido de darle una marca a la isla. Dentro del ámbito espiritual del raizal, aportó para permitir que después de una mutilación de la cultura que hizo el Colombia después de 1953 cuando se invadieron las islas y se pretendía arrasar con el raizal, más no tratando de comprenderlo. Después de esa mutilación le dio una voz de resistencia y de reivindicación, no solo de revolución.  El reggae le ha dado una forma de independencia al pensamiento de los isleños. Les permitió decirle a ese invasor “Hey, espérate, no. Así no” y comenzar a construir una voz de protesta que se unió a las que emergían en islas como Jamaica con el movimiento Rastafari. 

El reggae nos ha permitido tener acciones como The Emancipation Week en el que podemos trabajar desde el sentimiento de lo local, lo que nace de nosotros. Al final de la semana de la emancipación hacemos el Freedom Concert donde el reggae se ve como un pensamiento y un espacio de reflexión en el que nos preguntamos ¿Qué es lo que queremos como isla? 

 

¿Cómo cree que se podría restaurar la relación entre el interior del país y San Andrés y Providencia? 

Yo creo que la respuesta es comenzar a colaborar desde el género sin despreciar ni lo que hacen ellos ni lo que hacemos nosotros. Un ejemplo es el Jamming Festival en el que varias agrupaciones se consolidaron. Sin embargo, hubo un momento en el que Alerta Kamarada estaba haciendo una propuesta de reggae en español desde Bogotá y eso generaba una desvinculación con las raíces del género desde el Caribe. Era algo que nosotros mismos no entendíamos, pero fue parte del proceso en el que el interior del país le abrió las puertas al género.  

Ahora, los espacios de diálogo nos acercan un poco más, aunque es importante que entiendan que no por ser de aquí y hacer lo mismo que los del interior, somos iguales. No. Nuestras vibraciones y frecuencias son diferentes; es lo que permite reconocernos como parte del Caribe y que ellos puedan decir “Hey, esto es genial. Esta gente que viene de San Andrés y Providencia puede hablar español, pero cuando cantan lo hacen en Creole y eso está bien”. Al final del día eso es lo más importante y aunque digan que a Colombia le pertenece San Andrés y Providencia, pueda existir un mindset como el mío: A San Andrés y Providencia le pertenece Colombia y en nosotros siempre encontrarán hermandad, respeto por la cultura y espiritualidad.

 

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